CAPÍTULO I - SEMILLAS



Caminaba cabizbajo mirándose los zapatos, recorría la calle Ágora, una de esas calles principales que siempre están abarrotadas de gente. Era más de media tarde y el calor empezaba a decaer, el tráfico y las voces de la muchedumbre cargaban el ambiente y lo hacía duro e inflexible. De pronto tropezó con alguien y cayó al suelo.
-        ¡Mira por dónde vas mocoso! – Le gritó un hombre de la edad de su padre que iba usando el móvil.
-          Perdón… no le había visto. – Se excusó Tim mientras se levantaba del suelo y se sacudía los pantalones, pero aquél hombre ya se había marchado y caminaba unos metros por detrás de él.
Un grupo de chicas le miraban, se reían y cuchicheaban al otro lado de la calle. Tim recogió su mochila del suelo y siguió caminando. Entró en una librería llamada “Benedett”, al entrar sonó una campanita situada encima de la puerta y Tim se sobresaltó, no estaba allí la última vez que entró, debía ser nueva. El señor Gordon salió de la trastienda al oír la campanita con una sonrisa fingida, de esas que no te alteran las arrugas de los ojos, la cual cambió por una expresión de desgana en cuanto vio a Tim.
-          Ah, eres tú.
-          ¿Esperaba a alguien? – Comentó Tim.
-       Pues sí, esperaba que fuese… un cliente. De esos que, además de hojear libros durante horas, compran.
-          Hoy traigo dinero. – Estaba un poco avergonzado.
-          Pues mira lo que quieras, pero no robes nada.
-          De acuerdo.
¿Cuándo había robado Tim algo en la librería del señor Gordon? Es verdad que la gran mayoría de veces sólo iba a ver libros, pero cuando conseguía juntar algunos ahorros siempre los compraba. El señor Gordon debería sentirse agradecido de que alguien decida gastar en su tienda, ya que cada vez tenía menos clientes, cosa que hacía que no se molestara en pedir novedades a las editoriales y eso, a su vez, hacía que a la gente ya no le interesase comprar allí. Era un círculo vicioso.
Pero a Tim no le importaba que no hubiera novedades entre sus libros, ya que normalmente los libros que leía eran libros que tenían más años que él, el hecho es que le fascinaba leer cosas que habían escrito personas que habían vivido otras épocas. Sin teléfonos móviles, ordenadores o coches de última generación. La única tecnología que Tim tenía, era la vieja máquina de escribir de su padre y para él ya era suficiente.
Se paseaba entre las secciones de nóvela juvenil. Le costaba tanto elegir entre los libros porque analizaba cubierta, título, sinopsis y cuando alguno le llamaba la atención, solía leer los primeros capítulos, quizás por eso al señor Gordon no le hacía mucha gracia Tim. Tras veinte minutos encontró un ejemplar que avivó su curiosidad, no tenía nombre y en la portada sólo había dibujado un árbol, un sauce.
-          ¿Has elegido algo ya? Voy a cerrar – Le sorprendió el señor Gordon al final del pasillo.
-          Eh, sí, creo que sí.
-          Pues venga.
Se dirigió al mostrador detrás del dependiente, pagó el libro y se despidió amablemente, pero el señor Gordon tan sólo hizo un gesto con la mano. Al salir de la tienda se dio cuenta de que ya había empezado a oscurecer y las farolas de la calle ya se habían encendido. Lo que para Tim habían sido veinte minutos, eran en realidad más de hora y media. Guardó su nuevo libro en la mochila y se dirigió a la parada del metro. En quince minutos pasaba el que paraba más cerca de su casa. Sacó el libro de la mochila y empezó a leerlo. Tardó dos páginas en entender lo que había comprado, era un libro de botánica. Se llevó una mano a la cabeza y suspiró. ¿Qué hacía ese libro en la sección de novela juvenil? Tras un par de páginas más guardó el libro en la mochila bastante defraudado con su nueva compra.
El metro no tardó en llegar, se subió de un salto cuando abrieron las puertas y se desplomó en uno de los asientos. Un par de paradas después, subieron tres chicos al compartimento dónde iba. No tardó en darse cuenta de quienes eran, Rick y sus amigos. Rápidamente sacó su libro de la mochila e hizo cómo que lo leía de forma que el libro le tapaba la cara. Asomó la cabeza por un lado del ejemplar y distinguió cómo aquellos tres chicos pasaban al otro compartimento del metro, Tim suspiró aliviado. Rick y sus amigos, Pett y Marlon, iban a su clase, en el instituto se divertían riéndose de todo aquél que era más flacucho que ellos y él era el más bajo y escuálido de su clase, así que era el centro de sus dianas. El metro paró y Tim se bajó, había llegado a su parada, salió del metro y se dirigió a casa.
Cuando entró en casa se percató de que en el sillón había un bolso y el sólo vivía con su padre. Entonces escuchó una voz que le resultaba familiar, procedente de la cocina.
-         Escucha Jason, está a punto de florecer. – Dijo algo agitada, y de pronto bajó la voz. – Si nadie se molesta en explicarle lo que le pasa se volverá loco.
-      Pero Olive, sabes perfectamente los peligros que eso conlleva…– Dijo el padre de Tim, pero Olive le interrumpió.
-       Jason, hace ya más de quince años que los círculos conviven en paz y lo sabes. ¡No ha habido altercados desde entonces!
-         Está bien, está bien. Olive, tu eres su tía y sabes bastante más de éste tema que yo, si crees que es así cómo debe ser, que así sea. Pero por favor, no seas ruda, házselo entender poco a poco.
Tim entró en la cocina y ambos se sobresaltaron al verlo.
-          ¿Qué es lo que me tiene que hacer entender poco a poco?
-         Vaya Tim, no te habíamos escuchado llegar. – Tía Olive se levantó de la silla y le abrazó. – ¡Qué grande estás!
-          Gracias… – Nunca supo cómo responder a esas cosas. – ¿De qué hablabais?
-      Cosas de adultos, Tim. – Dijo su padre irritado. – Está mal por tu parte poner la oreja en los asuntos de los demás.
-          Pero estabais hablando de mí, os he oído.
-          Tim. – Ésta vez hablaba tía Olive, con un tono dulce en la voz. – Tu padre y yo hemos pensado que quizás te gustaría venir a pasar el verano a Narwarts.
-          ¿A tu casa?
-          Sí, estarías con tus primos, y ya sabes, vivimos en el campo y quizás…
-          Vale. – Acababa de interrumpir a Olive, la cual esbozó una sonrisa. – ¿Cuándo?
-          Te puedes venir conmigo mañana mismo, si quieres…
-          Si quiero – Y Tim salió precipitadamente de la cocina.
Tim no sabía exactamente porque le hacía tanta ilusión ir a casa de tía Olive a pasar el verano, quizás fuese el hecho de que nunca había pasado el verano fuera de casa, o porque las paredes de ese lugar le asfixiaban. Definitivamente, lo que más ilusión le hacía era pasar el verano con sus primos, a decir verdad, nunca había tenido una estrecha relación con ellos, ya que sólo los había visto tres veces en su vida, pero el pensar que podría estar con gente de su edad que no se dedicaran a reírse de él, le emocionaba.
Empezó a recoger sus cosas, sacó una maleta del altillo de su armario y empezó a guardar ropa. Se preguntó qué tipo de cosas le iban a hacer falta, sin duda algunos libros para los días aburridos, miró su estantería y, un tanto decepcionado, advirtió que todos los libros que tenía ya los había leído, así que decidió llevarse el tedioso libro de Botánica que acaba de comprar, “Un libro es un libro”, se repetía.
Cuando su padre entró en su habitación por poco no le da un infarto, ya que en unos pocos minutos todo estaba desordenado.
-          Tim. – Su padre le miraba. – ¿Tantas ganas tienes de irte?
Entonces a Tim le dio una punzada de culpabilidad. No se había parado a pensar en su padre, el pasaría las vacaciones aquí sólo y él estaba contentísimo por irse.
-        Bueno papá, es que los veranos aquí son bastante aburridos. – Y era verdad. – No tengo amigos aquí.
-        Venga Tim, si yo tuviese tu edad ya estaría montado en el coche. – Le sonrió y Tim le dirigió otra sonrisa. – Pero deja esto para mañana ¿Quieres? Ahora vete a dormir.
Tim asintió y su padre se marchó. Recogió la ropa de encima de la cama y la puso encima del escritorio. Se colocó el pijama y se acomodó en la cama. En realidad, no tenía nada de sueño. Se quedó pensando en todo lo que se tenía que llevar a casa de sus tíos y hasta después de un largo rato dando vueltas en la cama no perdió la consciencia.

9 comentarios:

  1. Oh, que buen comienzo ^^ Narwarts :3
    Lo de la librería me recordó a La Historia Interminable n _ n
    Vamos, vamos :)
    Un saludo.

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  2. Uuuuh se queda interesante. Me gusta lo del libro, no lo puedes poner de relleno :3
    Besoooooos

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  3. Hola!!!

    Pues el primer capítulo ha estado interesante... Tengo muchas ganas de saber más de Tim ;)

    Besitos!

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  4. Sí, bueno... me identifiqué mucho... demasiado, con la parte en que Tim revisa tantos libros como se le antoja y no lleva ninguno hasta que tiene sus ahorros ajustados. Sonreí mucho en esa parte xD Me ha gustado mucho el primer capítulo. Y sí, esperé por leerlo (pero como soy de Centroamérica no había podido leerlo hasta ahora, al final del día, de las clases y el trabajo), y vaya que me he pasado un pequeño momento bastante genial con el capítulo xD Un saludo :)

    Pdta: El libro de botánica tiene algo ._.

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  5. Me ha gustado mucho. Se me ha hecho muy amena la lectura a pesar de que es (un poco) larguillo.
    Sigue así, porque siempre habrán personas como yo que te lean!

    Nos leemos!

    Laura.

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  6. ¡¡Hola Javier!!!
    Me ha encantado el comienzo, e igual me identifique con la parte de la librería, yo igual tardo tiempo en escoger un libro :D, y bueno la platica entre el padre de Tim y su tía me ha dejado con ganas de saber más, ya veremos que pasa en el siguiente capítulo.
    Saludos!!! :D

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  7. Me ha encantado el principio, creo que esta historia promete!
    como te dije en el primer comentario, aquí me tendrás cada viernes!
    Ahora me voy a por el segundo cap, que da gustazo descubrir blogs así!!!

    Nos leemos!

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  8. Tengo mucha curiosidad por saber qué pasa después.
    Yo creo que el libro de botánica va a tener algo que ver con la conversación que han tenido el padre y la tía.
    Ahora mismo me pongo con el segundo capítulo :D

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